LAS TERMALES DE SÁCHICA

Por: Valeria Rojas Ávila, Sara Pau Vega Cortés y Heyker Álvarez


El proyecto que estamos realizando es sobre la memoria del agua, el desierto y el bosque. Mi grupo y yo elegimos el agua y el tema de las aguas termales. Las personas que entrevistamos fueron Armando Cortés, un extrabajador del Portal de la Villa, y Erika Paola Niño, quien trabaja actualmente en el mismo lugar. Gracias a esta entrevista, pudimos aprender sobre este tema tan interesante para la salud. 

En primer lugar, las aguas termales son guas mineralizadas que contienen elementos como azufre, hierro y sales; además, son fuentes naturales de agua subterránea que, al entrar en contacto con el calor geotérmico o con zonas volcánicas, aumentan su temperatura y emergen a la superficie. Asimismo, se originan cuando el agua de lluvia se filtra a través de las rocas o fisuras de la corteza terrestre, desciende a grandes profundidades y luego asciende nuevamente caliente, lo que permite que adquiera diferentes minerales durante su recorrido.

En cuanto a su temperatura, generalmente oscila entre los 20 °C y más de 100 °C; sin embargo, en muchos centros termales se mantienen entre los 32 °C y los 38 °C, ya que estas temperaturas resultan más adecuadas y seguras para el cuerpo humano. De igual manera, contienen minerales como azufre, calcio, magnesio, hierro y dióxido de carbono (CO₂), los cuales aportan múltiples propiedades beneficiosas tanto para la salud como para el bienestar general de las personas.

Por otra parte, estas aguas ofrecen beneficios terapéuticos importantes, ya que ayudan a la relajación muscular, mejoran la circulación sanguínea y contribuyen a reducir el estrés y la ansiedad. Además, pueden favorecer el tratamiento de enfermedades como la artritis, contracturas musculares, problemas en las articulaciones, dermatitis e incluso molestias como el cansancio físico o los dolores de cabeza. Igualmente, algunas personas utilizan los lodos provenientes de estas aguas para mejorar la piel, especialmente en casos de acné, ya que ayudan a limpiar y renovar los tejidos.

Se sabe que las aguas termales han sido utilizadas por el ser humano desde hace miles de años, con registros en civilizaciones antiguas como la India, Grecia y Roma. En este sentido, no solo han sido valoradas por sus beneficios físicos, sino también por su importancia cultural, debido a que muchas comunidades las consideran espacios de relajación, sanación y conexión con la naturaleza. Incluso, en algunas culturas, se les atribuyen propiedades curativas que van más allá de lo físico, relacionándolas con el bienestar emocional y espiritual.

En relación con su clasificación, las aguas termales pueden diferenciarse según su composición en sulfuradas, cloradas y bicarbonatadas, dependiendo de los minerales predominantes en ellas. Igualmente, según su temperatura, se clasifican en hipotermales, mesotermales, hipertermales y supertermales, lo que permite identificar cuál es más adecuada para cada tipo de persona o tratamiento. Por otro lado, se diferencian de las aguas minerales en que las termales siempre son minerales y poseen una temperatura superior al ambiente, mientras que no todas las aguas minerales presentan estas características.

En cuanto a su uso, en general son aptas para la mayoría de las personas; no obstante, se recomienda tener precaución en casos específicos como personas con hipertensión, enfermedades en la piel, heridas abiertas, problemas respiratorios o mujeres en estado de embarazo, especialmente en los primeros meses. Además, es importante seguir ciertas recomendaciones, como realizar choques térmicos alternando entre agua caliente y fría, lo cual ayuda a que el cuerpo se adapte mejor a los cambios de temperatura y se obtengan mayores beneficios.

Se aconseja no permanecer demasiado tiempo en el agua caliente de forma continua, ya que esto puede provocar mareos, fatiga o deshidratación. Por ello, se recomienda estar en intervalos de 15 a 20 minutos, acompañados de pausas y una adecuada hidratación antes, durante y después del uso de las aguas termales. De esta manera, se puede disfrutar de sus beneficios sin poner en riesgo la salud.

Además, los centros termales generan un impacto positivo en el turismo, ya que atraen visitantes tanto a nivel nacional como internacional. Por consiguiente, favorecen la economía local mediante el desarrollo de sectores como la hotelería, la gastronomía, el transporte y el comercio. Igualmente, impulsan el crecimiento de las zonas turísticas y permiten dar a conocer la riqueza natural de cada región, lo que contribuye al desarrollo social y económico de las comunidades.

En cuanto a los cuidados, es fundamental mantener las aguas limpias y en buen estado, evitando la contaminación. Asimismo, se recomienda no arrojar basura, no utilizar productos químicos como jabones dentro de los pozos termales y respetar la flora y la fauna del entorno. De igual manera, es importante bañarse antes de ingresar, entrar de manera progresiva al agua —primero los pies, luego el resto del cuerpo— y evitar consumir alimentos dentro de las piscinas termales.

A nivel mundial, algunos países reconocidos por sus aguas termales son Japón, Islandia, Hungría, Turquía, Estados Unidos, Italia, Costa Rica, Chile, Colombia y Nueva Zelanda. Estos lugares han desarrollado infraestructuras turísticas alrededor de sus fuentes termales, lo que demuestra la importancia de este recurso natural en diferentes partes del mundo.

Existe una diferencia clara entre los centros termales y los spa, ya que los primeros utilizan aguas minero-medicinales con fines terapéuticos en entornos naturales, mientras que los spa emplean agua tratada con fines principalmente de relajación. En conclusión, las aguas termales no solo representan un recurso natural con múltiples beneficios para la salud, sino también un elemento clave en la cultura, el turismo y la economía, siempre y cuando se utilicen de manera responsable y se proteja el medio ambiente que las rodea.

Es importante resaltar que el uso adecuado de las aguas termales no solo depende de sus propiedades naturales, sino también del comportamiento de las personas que las visitan. Por ello, se debe fomentar la educación ambiental y el respeto por estos espacios, evitando acciones que puedan afectar su equilibrio natural. De igual forma, las autoridades y administradores de estos lugares deben garantizar un mantenimiento adecuado, promoviendo prácticas sostenibles que aseguren la conservación de este recurso a largo plazo.

Por último, las aguas termales representan una oportunidad no solo para el descanso y la salud, sino también para el aprendizaje y la conexión con la naturaleza. Así, su aprovechamiento responsable permite que futuras generaciones también puedan disfrutar de sus beneficios, manteniendo su valor tanto natural como cultural.

 

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