EL BOSQUE DE LAS PINTURAS RUPESTRES

Por: Violeta Rojas, Luz Mahecha y Carol Daniela Alfonso

A continuación, les vamos a hablar del tema El Bosque de las Pinturas Rupestres. Tuvimos la oportunidad de entrevistar a Javier Enrique Rojas Durán, un reconocido historiador sachiquense, quien amablemente aceptó responder nuestras preguntas y compartir su amplio conocimiento sobre la zona. Al iniciar nuestra conversación, le preguntamos cómo se llama el río que pasa por el bosque de las pinturas y, en respuesta, nos explicó detalladamente que se trata del río Sáchica. Este importante cuerpo de agua se forma por la unión de varias quebradas que descienden directamente desde el páramo, así como por un río principal que tiene su nacimiento en el valle de Samacá.

Quisimos profundizar en la fauna del lugar y saber qué tipo de animales habitaban allí en el pasado. Entonces, él nos contó que en esa zona vivían diversas especies propias de los ecosistemas andinos, tales como tigrillos, armadillos, zarigüeyas e incluso venados. Destacó que la presencia de estos animales era mucho más común y frecuente cuando todavía existían bosques nativos de mayor altura, los cuales ofrecían un refugio más seguro y abundante alimento para estas especies.

La entrevista nos llevó a hablar sobre los olores característicos del bosque. En este sentido, el historiador nos explicó que, al tratarse de un ecosistema clasificado como bosque seco tropical, existe una gran variedad de plantas aromáticas que crecen de forma silvestre, como la menta, la hierbabuena y la albahaca. Además, mencionó que el ambiente general suele oler a humedad y a pasto fresco, lo que le otorga al lugar un aroma muy característico y agradable que evoca la frescura de la naturaleza virgen.

Le preguntamos qué hace especial a este bosque dentro de la historia local. A partir de esto, nos explicó que en tiempos antiguos existían bosques nativos andinos mucho más densos, incluyendo extensos robledales, pero que, lamentablemente, con el paso del tiempo fueron talados para diversas actividades humanas. Como consecuencia de este proceso de deforestación, el bosque seco tropical fue ganando terreno y ocupando el lugar de las especies desaparecidas. Asimismo, nos contó con preocupación que el clima ha cambiado drásticamente, el río ha disminuido notablemente su caudal y el paisaje ya no es el mismo que hace siglos, por lo que el sitio se convierte en un ejemplo muy importante y visible de cambio ecológico y transformación ambiental.

A continuación, le preguntamos si el bosque actualmente está cuidado o abandonado por las autoridades y la comunidad. Frente a esto, nos respondió con sinceridad que el bosque original prácticamente desapareció y que el ecosistema actual se encuentra en un estado de abandono, aunque reconoció que ha habido algunos intentos aislados de reforestación. Seguidamente, quisimos saber qué se sembraba allí tradicionalmente. En relación con esto, nos explicó que en el pasado remoto no se cultivaba nada, ya que el lugar era una zona inundable y totalmente navegable; incluso nos reveló un dato sorprendente: los muiscas podían llegar a este sitio utilizando canoas. Sin embargo, en tiempos más recientes, el terreno ha sido utilizado para cultivar productos como tomate y cebolla, aunque esto representa un riesgo constante debido a la extrema cercanía con la orilla del río.

Le preguntamos sobre la disponibilidad de agua y cuántos pozos hay en la zona. Nos dijo que hay varios, aproximadamente entre nueve y diez pozos artesanales, pero destacó que lo más importante y valioso es la gran reserva de agua subterránea que existe allí. Según sus investigaciones, esta reserva es tan vasta que podría llegar a abastecer a varios municipios de la región en caso de ser necesario.

Después de esta enriquecedora primera entrevista, continuamos nuestra investigación con un segundo invitado, el rector Selvio Emilio Ramírez Fonseca, quien también compartió valiosa información y vivencias personales con nosotros. En primer lugar, le preguntamos cómo se llama formalmente el sector donde están ubicadas las pinturas rupestres y, en respuesta, nos explicó que actualmente se conoce con ese mismo nombre, aunque hace años se le solía llamar la parte baja de Villa Rosita o la parte alta del río.

Quisimos saber qué secretos esconde ese lugar sagrado. Él nos explicó que allí se resguardan muchas historias antiguas de gran valor arqueológico, ya que las pinturas podrían pertenecer no solo a la cultura muisca, sino también a la cultura arahuaca, con una antigüedad que podría remontarse a miles de años atrás. Además, mencionó que, debido a su ubicación estratégica, este sitio pudo haber sido usado por los antiguos pobladores como un refugio seguro frente a las grandes inundaciones estacionales.

Más adelante, nos habló con nostalgia sobre los cambios del paisaje. En este caso, nos contó que hace unos 50 años el lugar era una extensa playa de piedra por donde pasaba el río con mucha fuerza, pero que, con el tiempo y la disminución del agua, el río se retiró y el terreno se volvió más fértil, lo que permitió el crecimiento espontáneo de nuevos árboles y vegetación. De igual manera, le preguntamos qué simboliza el bosque hoy en día. Frente a esto, nos explicó que el bosque representa una mejora ambiental necesaria, ya que su existencia permite el regreso de algunos animales, protege las fuentes de agua y ayuda directamente a conservar las pinturas de la erosión.

Describió la flora actual del bosque. Nos dijo que hay plantas típicas de la región como pencos, fiques y sábilas, pero también árboles no nativos que llegaron por la acción del viento o transportados por animales. Finalmente, le preguntamos qué enseñanza nos deja este lugar histórico. Como respuesta, nos explicó que nos enseña que existieron culturas organizadas mucho antes de la llegada de los españoles y que estas sociedades estaban profundamente conectadas con la naturaleza. Las pinturas muestran símbolos sagrados como el sol, rostros humanos y representaciones del agua, lo que indica que este sitio fue, sin duda, un lugar sagrado. Además, nos habló de los pozos de la zona, mencionando especialmente uno llamado "La Ollita", aunque aclaró que no funciona actualmente.

En cuanto a las actividades que pueden realizar los turistas en el bosque, entendimos que es un lugar muy visitado donde las personas pueden disfrutar del aire libre, observar detenidamente las pinturas rupestres y recorrer las orillas del río Sáchica. Por otra parte, sobre el clima, comprendimos que es un bosque seco tropical, lo que significa que el clima es predominantemente seco durante el año, con escasas lluvias y sequías frecuentes. No obstante, en épocas de invierno fuerte, el río puede crecer repentinamente debido a las lluvias que bajan del valle de Samacá y del páramo de Iguaque, provocando inundaciones.

Entendimos que las actividades humanas afectan gravemente este bosque, especialmente la tala indiscriminada, la expansión de la agricultura y el turismo sin control, ya que el paso constante de personas daña la vegetación nativa y los cactus. En cuanto a las medidas para cuidarlo, observamos que son insuficientes. Aunque ha habido intentos de reforestación, algunos no han sido técnicamente adecuados, como cuando se utilizó eucalipto (una especie invasora), aunque también se han intentado sembrar árboles nativos como alisos y acacias.

Lo que más nos llamó la atención es que este bosque es único porque tiene características casi semidesérticas, lo que lo hace muy diferente a otros bosques de Boyacá. Entendimos que, si este bosque desapareciera, la tierra sufriría una erosión irreversible, se formarían grandes cárcavas y el lugar se convertiría en un desierto total. Por esta razón, la vegetación actual es fundamental para sostener el suelo. Pensando en el futuro, creemos que, si se implementa un plan serio de conservación con siembra de especies nativas, el bosque podría recuperarse totalmente.

Comprendimos que la relación entre el bosque y el agua es vital. Aunque sea un ecosistema seco, necesita de las lluvias estacionales para prevenir incendios y mantener el equilibrio. En conclusión, esta investigación sobre el Bosque de las Pinturas Rupestres nos ha permitido entender la evolución del ambiente, valorar nuestras raíces culturales y reflexionar profundamente sobre la urgencia de proteger nuestro patrimonio natural e histórico para las futuras generaciones.


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