Por Angee Milena Castellanos Sierra
De todas
las cosas que he estudiado, solo una capturó realmente mi interés: la historia
de Benkos Biohó. Esta es una de las historias más importantes sobre las luchas
por la libertad a lo largo del tiempo. Gracias a ella, aprendí términos que
antes desconocía, como el cimarronaje, los palenques y la resistencia y
autonomía que posee el ser humano.
Mi
curiosidad no termina aquí. Quisiera saber qué más habría hecho Benkos Biohó si
la traición no hubiera acabado con su vida. O, también, qué habría pasado si la
Ley 70 de 1993 no existiera y cómo estaríamos viviendo en la actualidad.
Hoy,
vivimos con libertad y dignidad gracias a los derechos que tenemos, y todo el
crédito lo tienen esas personas que lucharon e hicieron justicia frente a los
maltratos inhumanos perpetrados por aquellos que se creían superiores solo por
su poder económico, político y social. Solo de pensarlo, me parece algo
ignorante ver cómo hasta yo misma desconocía tales luchas.
Por esas
luchas se lograron conquistar nuevas oportunidades, como la aparición de la Ley
70 de 1993, que se implementó para reconocer y proteger la diversidad étnica y
brindar títulos de propiedad colectiva sobre terrenos baldíos a comunidades
afro que cultivaron con todo su esfuerzo y dedicación. Además, brindó nuevas
oportunidades como tener una protección del Estado y garantizar su hogar y sus
derechos ante la ley.
Una manera
en la que se podrían reivindicar aquellos derechos que, para algunas
comunidades, siguen ocultos en el papel y la tinta —y que permiten que
departamentos como el Chocó aún vivan bajo el racismo y la discriminación—,
sería brindándoles ayuda del Estado para mejorar su situación. No solo el
Chocó, sino otros departamentos, necesitan tener las mismas oportunidades. Esto
nos permitiría soñar con la posibilidad, en un futuro, de ver al primer
presidente negro de Colombia.
En
conclusión, diría que tanto en la antigüedad como en la actualidad, seguimos
haciéndonos de la vista gorda ante problemas que no deberían existir hoy, pues
se supone que las leyes están hechas para ser cumplidas. Ya que no somos
nosotros quienes padecemos directamente estas dificultades, continuamos
ignorando y olvidando.

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