Por: Sebastián Martínez
¿Quién se
iba a imaginar que personas de piel negra serían esclavizadas hasta el punto de
ser consideradas objetos, cosas insignificantes sin valor? ¿Quién iba a
imaginar que sería necesario establecer leyes para poder vivir en paz y armonía,
sin depender de nadie, siendo dueños de nosotros mismos?
Pero lo
más importante de todo esto es la certeza de que, si no nos hubiéramos
rebelado, los españoles jamás habrían entendido que ningún ser humano puede ser
tratado como una propiedad que no les pertenece. Sin esa resistencia, las leyes
quizás nunca se habrían escrito para proteger nuestra humanidad, permitiendo
que pensaran que eran superiores a nosotros solo por tener un color de piel
diferente.
Yo vivía
en una población de gente negra. Vivíamos tranquilos, con nuestras propias
normas, sin depender de nadie. Nuestro único pensamiento giraba en torno a la
comida de cada día. Había risas y alegría.
Pero todo
lo que teníamos no duró mucho tiempo. Nuestra paz terminó alrededor de 1515,
cuando llegó un grupo de personas. Desde ese momento, se adueñaron de todo: de
lo que teníamos y hasta de nosotros mismos. Nunca entendimos por qué habían
llegado ni por qué ahora éramos su propiedad. Solo sabíamos que la piel blanca
era sinónimo de superioridad frente a nuestra piel negra.
Comenzamos
a trabajar para ellos. Lo más duro era la crueldad con la que nos trataban. Ya
no dependíamos de nosotros; dependíamos de ellos. Si no trabajábamos, no
comíamos. Y si no hacíamos lo que ordenaban, nos torturaban hasta el punto de
no poder levantarnos. Temíamos por nuestras vidas. No teníamos derecho a
hablar, y mucho menos a protestar. Nos aterraba que nos mataran una vez que
pensaran que ya no servíamos, o que cumplieran con el plan que tenían en mente.
Un día,
nos dimos cuenta de que habían traído a más personas de nuestra misma raza. Lo
único que pensé fue que quizás nos querían como esclavos solo por diversión, y
que por eso traían a más gente con tanta facilidad. La respuesta era clara, si
no salía de allí, moriría torturado.
Ideé un
plan que estaba seguro de que sería efectivo. Pero un compañero, de mi misma
raza, se dio cuenta. Temí que me delatara. Temía porque estaba cien por ciento
seguro de que si él contaba esto, me torturarían hasta la muerte. Pero no fue así.
Al día siguiente, llegó con un grupo de personas de nuestra raza. Sentí un gran
alivio al saber que no me delató. Así que decidí ayudarlos a todos a escapar,
aunque sería mucho más peligroso por la cantidad de gente. Sin embargo, no
podía dejarlos allí.
En la
noche, iniciamos la huida. Casi nos descubren, pero al final logramos escapar.
No teníamos a dónde ir, así que propuse construir una pequeña fortaleza cerca
de las montañas para que no nos encontraran.
Finalmente,
iniciamos nuestra nueva vida, la vida que por fin nos permitiría ser felices.
Propuse que ningún negro sería esclavo de nadie y que todos tendríamos los
mismos derechos. Y si alguien no quería estar aquí, tendría el derecho de irse.
Con esto, seríamos libres.
"Quien
no conoce su historia está condenado a repetirla."

Comentarios
Publicar un comentario