Por Karol Tatiana Sierra Monroy (Décimo Uno)
Este texto está basado en una entrevista a la señora Ana Mileide Monroy, habitante de la vereda El Tintal, en el municipio de Sáchica. En esta conversación se habló sobre el nacimiento de agua La Esperanza.
Soy Ana Mileide Monroy, tengo 34 años y nací el 14
de marzo. La verdad es que conozco este nacimiento desde que tengo uso de razón, desde
que era pequeña. Mis padres siempre nos llevaban a este lugar para traer agua a
la casa, la cual utilizábamos para preparar alimentos y para el uso doméstico.
Hace aproximadamente 30 años que conozco este nacimiento.
Este manantial mantiene, día tras día, más o menos
una pulgada o media pulgada de agua, y esta cantidad llega diariamente a
nuestras viviendas. Sin embargo, la cantidad de agua ha disminuido debido a los
cambios climáticos. En tiempos de nuestros antepasados, llovía más y los
inviernos eran más intensos. Ahora, como no ha llovido demasiado, el caudal se
ha reducido, aunque se mantiene constante.
Utilizamos esta agua principalmente para uso
doméstico: lavar, asearnos y regar nuestros jardines y algunas plantas de la
casa.
Mis padres me contaban que el nacimiento tenía una
laja muy bonita y estaba ubicado en la parte baja de una loma. Alrededor de
este lugar hay dos o tres pozos que benefician a mi familia y a mis vecinos.
Cuando hay abundancia de agua, la utilizamos tanto
para uso doméstico como para regar algunos cultivos de cebolla y otras plantas.
Pero en épocas de sequía, solo la usamos para consumo.
Este recurso hídrico beneficia a dos viviendas,
donde vivimos entre diez y doce personas. No tiene un nombre específico, pero
está ubicado en la finca La Esperanza, de ahí que se le conozca como el
nacimiento de La Esperanza.
Les voy a contar cómo hacemos para que esta agua
llegue a nuestras viviendas: utilizamos una manguera de un cuarto de pulgada
para transportar el agua desde una cierta distancia. También empleamos algunos
registros y conexiones, lo que permite que el agua llegue a los tanques de cada
vivienda.
Este nacimiento lo usamos principalmente para la
familia que vive dentro de la finca. Sin embargo, en épocas de sequía extrema,
hacemos lo posible por ayudar a vecinos, familiares y amigos.
Por
Wilder Fernando Pardo (Décimo Uno)
Este texto está basado en una entrevista a la señora Diana Monroy.
Soy Diana Monroy, tengo 33 años y nací el 6 de mayo. Este nacimiento existe desde muchos años antes de que yo naciera, probablemente unos cincuenta años. Está ubicado en el sector del Tintal, en una de las principales montañas de la ladera de la vereda, donde inicia la quebrada.
Creemos que el agua surge debido a las rocas y la
gran cantidad de plantas que hay alrededor, como el carrizo y otras variedades.
Hace unos pocos años nos dimos cuenta de que no era
necesario tratar esta agua, ya que siempre la hemos consumido sin problemas. No
hemos necesitado estudios ni tratamientos, pues es de buena calidad.
Pensamos que, con el tiempo, las rocas y la lluvia
forman las laderas y crean estos estanques o lagos. Las personas han mejorado
los pozos con cemento y los mantienen limpios, eliminando desechos para
preservar la calidad del agua.
Yo creo que dentro del estanque hay un hábitat que
incluye una gran variedad de plantas, las cuales funcionan como un filtro
natural. Esto permite que el agua llegue limpia a nuestras viviendas. La
transportamos mediante una manguera, y aunque se mantiene limpia, algunos días
la limpiamos para evitar la acumulación de azufre, lama, insectos y piedras.
Este nacimiento está ubicado en la vereda del
Tintal, a unos tres o cuatro kilómetros del municipio de Sáchica, en lo alto de
una montaña. Hemos extendido unos quinientos metros de manguera para llegar
hasta el nacimiento, lo que nos toma entre diez y quince minutos.
Lo que mantiene el caudal durante la época de
sequía son las plantas que rodean el lago. La mayoría de estas plantas retienen
agua, lo que evita que el nivel disminuya en verano.
La mayor parte del agua se utiliza como agua
potable. El excedente lo usamos para regar cultivos de hortalizas, cebolla,
papa y plantas de la casa.
Por
Jaider Iván Cely (Décimo Uno)
Este texto está basado en una entrevista a la joven Claudia Monroy.
Soy Claudia Monroy, tengo 16 años y nací en septiembre de 2008. El nacimiento tiene aproximadamente un metro de profundidad y cinco o seis metros de ancho, según mi estimación.
Desde que nací, hace 16 años, he conocido este
pozo, pero mi padre dice que existe desde hace unos cincuenta años.
La cantidad de agua que fluye varía entre
quinientos y mil litros, dependiendo de la temporada. En invierno hay más agua,
mientras que en verano el caudal disminuye.
El principal dueño de este nacimiento era mi
abuelo, Víctor Monroy. Tras su fallecimiento, quedó en manos de su hijo, Plinio
Monroy, quien actualmente es el dueño de la finca.
El agua se transporta mediante una manguera de
media pulgada. El manantial produce agua constantemente, y esta llega limpia a
nuestras viviendas, donde la consumimos.
La mayor parte del agua se utiliza para uso
doméstico, mientras que el excedente se destina a usos agrícolas, como el riego
de cultivos de cebolla, papa, tomate, mazorca y otros.
En total, esta agua beneficia a mi familia y a la
familia de mi hermano.
Hace aproximadamente diez o quince años, mis padres
me llevaron a conocer este nacimiento, que desde entonces ha sido de gran
beneficio para todos los que consumimos su agua.
Nunca hemos tenido un punto de agua adicional, por
lo que también utilizamos este recurso para lavar y regar las plantas y
jardines de la casa.
En general, el invierno produce más agua que el
verano, cuando el caudal disminuye y debemos racionar su consumo.


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